Reflexión para el Cuarto Domingo de Adviento 21 de diciembre de 2014

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Adviento

Reflexión para el Cuarto Domingo de Adviento

21 de diciembre de 2014

Rev. Obispa Dra. Nancy Wilson

Al Dios, único sabio

 

En este domingo de Adviento del Amor, nos centramos en la bendición del libro a los Romanos en la que Pablo glorifica al Dios “único y sabio.”

Aunque el mundo siempre ha necesitado amor, ahora más que nunca, necesita sabiduría y de un liderazgo sabio.

Cuando somos sabios/as, tocamos a Dios.

La sabiduría es un don tranquilo del Espíritu. Se trata de un recipiente que contiene cosas que parecen estar en contradicción y nos ayuda a ver un camino donde no hay camino, un camino a través de la comprensión y la esperanza, hacia un futuro. La sabiduría es la presencia en templanza que respira a través del nacimiento y la muerte, a través del sufrimiento y la alegría por igual.

Hoy en día, el mundo lucha con conflictos en todos los frentes. Cada grupo terrorista es sustituido por uno más vicioso. Niñas adolescentes son secuestradas. Los civiles son asesinados. El racismo al parecer estar resurgiendo, especialmente en los EE.UU., como si estuviéramos regresando a los años 1950 y 60. El duelo se multiplica. El salario mínimo es demasiado bajo para que la gente viva decentemente. Los derechos humanos están en juego en tantos lugares. Igualdad en el matrimonio está en una montaña rusa. Hermanos y hermanas trans siguen siendo “patologizados/as” y en alto riesgo de violencia. Economías en un sube y baja. ¿Cómo en un mundo así la iglesia es el Cuerpo de Cristo?

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(Foto: scholastic.com)

La sabiduría es un don espiritual, intercultural, interreligioso, que se extiende a través de nuestras diferencias como un puente. El apóstol Pablo era consciente de la predicación de la locura de Cristo en un mundo complicado por múltiples confluencias. ¿Cómo la sabiduría de Dios es más que el conocimiento humano, más allá de nuestros clichés y predicciones? ¿Cómo la sabiduría es el pegamento que nos mantiene unidos a través de los cataclismos, a través de los abismos de conflicto y de la disfunción? Necesitamos la sabiduría que es de la fe de que hay soluciones y vías a través de todas las dificultades! Cuando el dolor nos paraliza, la sabiduría nos susurrara para nos levantemos y sigamos adelante — en la confianza de que así como nosotros/as, el camino se revelará.

Cuando somos sabios/as, tocamos a Dios.

La sabiduría es la transformación intelectual / espiritual del amor.

Recuerdo cuando hace décadas aprendí la plegaria de la serenidad en el contexto de una reunión de doce pasos, “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia.” Sabiduría fue el remate, la clave de todo el resto. Gané sabiduría en esas habitaciones, en esas reuniones de los 12 pasos, de la gente común que habían aprendido el secreto de dejar ir para dejar a Dios. Me enseñaron a respirar de nuevo, para respirar en la sabiduría que está disponible, sólo si yo humillarme la pido.

Cuando somos sabios/as, tocamos a Dios.

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(Foto: mi-web.org)

Muchos otros “dioses” compiten para gobernar nuestras vidas — fuerzas o cosas que son manipuladoras, egoístas, falsas, indignas de nuestra energía, amor y devoción. Tenemos que abrirnos al único y sabio Dios, quien es el que merece nuestra atención y conexión — el uno que no exige que nos sacrificamos, sino que se da a sí mismo por nosotros/as. ¿Cómo podemos confiar en el único y sabio Dios Creador, que nos ama más de lo que nosotros/as mismas nos amamos y más que los “dioses” que explotan nuestras adicciones?

Cuando somos sabios/as, tocamos a Dios.

Jesús enseñó como “uno con la autoridad” — él era sabio para su edad y experiencias humanas. La primera comunidad cristiana testificó que él encarnó esa Sabiduría. Es por eso que atrajo a tantos y atemorizó a otros. Su ser iluminaba a todos/as y a todo su alrededor. Fue una buena noticia para los/las pobres y juicio para sus opresores.

Dejemos que la Sabiduría brille a través de nosotros/as en esta temporada de la encarnación. Que encarnemos el “único y sabio Dios,” en nuestro discurso, en nuestras acciones por la justicia, en nuestros esfuerzos para crear y sostener la comunidad en este frágil planeta.

Cuando somos sabios/as, tocamos a Dios, y nos transformamos a medida que transformamos el mundo.

 

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