Reflexión del Tercer Domingo de Adviento 14 de diciembre de 2014

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Adviento

Reflexión del Tercer Domingo de Adviento

14 de diciembre de 2014

Rev. Obispa Dra. Mona West

Éste es el testimonio de Juan, cuando las autoridades judías enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle a Juan quién era él. Juan les contestó: Yo soy una voz que grita en el desierto: “Abran un camino derecho para el Señor”

Juan 1:19a, 23

Me di cuenta en la red social ‘Tumblr’ que Adviento era un tema escogido. Cuando hice clic había varias imágenes y citas de cientos de blogs sobre Adviento. Iban desde los calendarios de Adviento extravagantes, poemas místicos, pegadizos de figuras de renos hasta recetas de galletitas. Ninguna de las imágenes o temas presentó un desierto. Sin embargo, es desde un desierto que Juan nos invita y emplaza en este tercer domingo de Adviento. Él es la voz de uno que clama en el desierto, y lo que es sorprendente es que las personas lo siguen hasta allí. Algunos de ellos querían cuestionar su identidad – “¿Eres Elías, el Mesías, un  profeta???” Otros se sienten atraídos por su mensaje de arrepentimiento y la preparación para lo que habrá de venir. Se podría decir que el Adviento era un tema de tendencia en los días de Juan.

 

De entre todas las imágenes y sonidos de nuestro tiempo de Adviento actual, el desierto no suele estar representado. ¿Cuándo fue la última vez que vio una tarjeta de Navidad con una imagen de un desierto en su portada? Pero las Escrituras nos dicen que el desierto es importante para la historia de la salvación: el Éxodo de los israelitas conduce a través del desierto y el ministerio público de Jesús comienza después de un período de ‘prueba’ en el desierto. Estas historias enseñan que el desierto es un lugar no sólo en donde Dios puede ser conocido más profundamente, pero también es un lugar donde los seres humanos pueden conocerse más profundamente.

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(Foto: bleon1.wordpress.com)

Comencé este tiempo de Adviento, literalmente, en el desierto. Mi esposa, Deb, y yo fuimos acampar durante una semana en el desierto de Big Bend, Texas (EE.UU.). Durante esa semana aprendí algunas cosas sobre el desierto y sobre Adviento. Ambos nos llevan a cultivar una actitud de vigilancia. Lo que podría parecer lo mismo día tras día, año tras año (¿cuántas estaciones de Adviento han vivido?), tiene belleza y profundidad si no nos dejamos arrullar por la igualdad. Cada mañana cuando salía de nuestro camper y cada noche antes de entrar me encontraba con la misma montaña. Pero me tomé el tiempo para estar atenta durante todo el día y me di cuenta de cosas diferentes sobre la montaña y el paisaje: las formas como las sombras se movían sobre las rocas; la variedad de colores de marrón, oro y fuego; pequeñas flores que parecían venir de la nada.

 

Es fácil quedar arrullado por la similitud de las tradiciones de Adviento, como colocar verdes o la iluminación de la corona de Adviento, incluso la historia del ‘niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.’ Un escritor ha dicho: “Adviento no es sólo acerca de la espera de un bebé. Se trata de la espera de una nueva realidad que se apodera de nosotros y nosotras, tomando primero de rehenes a nuestros corazones y almas para su justicia y su gracia. Y luego, porque no podemos vivir sino por su fuerza magnética, establece su demanda en todo el mundo a través de nosotros “. (John van de Laar, Sacredise.com) Seguir a Juan en el desierto durante Adviento me mantiene atenta y abierta a la nueva realidad que anuncia, que nunca se arraiga en mí exactamente de la misma manera año tras año.

 

El desierto es también un lugar de exposición. En este paisaje austero, no sólo se puede estar expuesto al calor y a la falta de agua, también se puede estar expuesto a los temores y a las ansiedades. Recuerdo varias veces durante esa semana de acampada sentirme ansiosa por estar en un lugar tan remoto. Me despertaba por la noche y pensando: “¿Qué pasa si hay un incendio en la caravana? ¿Qué pasa si una de nosotras tiene una emergencia médica?” Las historias del desierto del Éxodo, la tentación de Jesús en el desierto, y Adviento enseñan que Dios nos encuentra en nuestra humanidad, y la única forma que realmente podemos conocer a Dios, como Santa Teresa de Ávila decía, es cuando realmente nos conocemos a nosotros mismos.

 

Juan el Bautista nos invita a entrar en el desierto de Adviento no a experimentar algún tipo de santidad genérica o abstracta de la vida cristiana. Él nos invita a entrar en el desierto de Adviento a conocernos en verdad y a entender como el amor y la gracia de Dios se manifiesta en las particularidades de nuestras vidas.

 

Así que a medida que avanzamos más y más hacia esa “noche santa,” ¿cómo es la práctica de Adviento para usted?

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