First Sunday of advent 2016

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advent-imageLighting the Way to . . . Unfamiliar Peace
 
Isaiah 2:3b-5a
For out of Zion shall go forth instruction,
    and the word of the Holy One from Jerusalem.
The Holy One shall judge between the nations,
    and shall arbitrate for many peoples;
they shall beat their swords into plowshares,
    and their spears into pruning hooks;
nation shall not lift up sword against nation,
    neither shall they learn war any more.
O house of Israel,
    come, let us walk
    in the light of the Holy One!
How we long, like Israel before us, for a great peacemaker. The prophet Isaiah gives us such a hopeful image – an arbitrator of the people – one who will have the ability to rule so that countries would no longer use weapons against one other, and nations “shall learn war no more.” Several verses later in Isaiah we read the words memorialized in Handel’s Messiah: “For unto us a Child is born, unto us a Son is given; and the government shall be upon His shoulder. And His name shall be called Wonderful, Counselor, The Mighty God, The Everlasting Father, The Prince of Peace.”
The Jews in Jesus’ time needed that kind of liberator, one who would cast out the Roman tyranny. It was a time when a Roman soldier could randomly kill a Jew on the street without fearing any consequence. It is no wonder many Jews desperately hoped the Messiah would be a Warrior King, who could drive out the enemy and restore peace in Israel.
But the Prince of Peace was not the Warrior King the Jews deeply desired. He came out of the wildness, an unknown, an itinerant preacher, who had little to say about the Roman occupation. Instead he challenged the Jews who were in complicity with the oppressors – those who protected their high station in the midst of their people’s misery. He challenged the religious authorities who applied the Jewish law with rigidity and lacking compassion for their people living with the daily oppression of foreign rule.
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photo by Peggy Maxwell
Jesus, the transgressive teacher, went out to the margins of Jewish society – he even spoke to the people the Jews had reviled for centuries – the “half-breed” Samaritans and the Phoenicians. He spoke directly to women, a scandalous action for a Jewish man during Jesus’ day. There was nothing particularly peaceful about his lifestyle of deliberately and strategically disregarding Jewish religious law. His disruption of the status quo brought him to the attention of the religious authorities, whose response was to devise a way to eliminate this disruptive element in their midst. Even the Roman ruler in Jerusalem found Jesus innocent of any wrongdoing. It was Jesus’ own people who declared Jesus’ death sentence, shouting in the public square.
But he was, nonetheless, the Prince of Peace – an unfamiliar peace. It is that unfamiliar peace we are called to embrace this Advent season. Jesus created space for himself to find a personal peace. It was a peace found in being still to hear the whisperings of the Holy, of engaging in open-hearted contemplation before taking action, and in finding compassion and similarities in those most unlike himself.
May we travel this Advent season, modeling Jesus’ unfamiliar peace. May we create personal space, seeking shelter within ourselves. And in that embrace, we will come home to ourselves, steadying ourselves for taking on Jesus’ role of working in the margins of our world today.
“Peace I leave with you; my peace I give to you. I do not give to you as the world gives. Do not let your hearts be troubled, and do not let them be afraid.”
Amen.
by Elder Nancy G. Maxwell
on behalf of the
Metropolitan Community Churches Council of Elders
Rev. Elder Dwayne Johnson, Convener
Rev. Elder Ines-Paul Baumann
Rev. Elder Pat Bumgardner
Rev. Elder Margarita Sánchez De León
Rev. Elder Tony Freeman
Rev. Elder Darlene Garner
Rev. Elder Héctor Gutiérrez
Rev. Elder Dr. Candace R. Shultis
Rev. Elder Mona West, PhD

MCC First Sunday Advent Resource 
for 27 November 2016

adviento-1

Iluminando el Camino . . . Una Paz Extraña
Isaías 2:3-5 Nueva Versión Internacional (NVI)
 
Muchos pueblos vendrán y dirán:
«¡Vengan, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob!,
para que nos enseñe sus caminos
y andemos por sus sendas.»
Porque de Sión saldrá la enseñanza,
de Jerusalén la palabra del Señor.
Él juzgará entre las naciones
y será árbitro de muchos pueblos.
Convertirán sus espadas en arados
y sus lanzas en hoces.
No levantará espada nación contra nación,
y nunca más se adiestrarán para la guerra.
¡Ven, pueblo de Jacob,

y caminemos a la luz del Señor!

Nosotros, como Israel, anhelamos un gran pacificador. El profeta Isaías nos da una imagen tan esperanzadora – un árbitro de las personas, que tendrán la posibilidad de reglamentar para que los países no hagan uso de las armas contra otro país, y las Naciones “aprenden no habrá más guerras”. Varios versos más adelante en Isaías leemos las palabras inmortalizadas en el Mesías de Haendel: “para nosotros un niño nace, nos es dado un hijo; y el gobierno estará sobre su hombro. Y será llamado Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, el Padre Eterno, Príncipe de la Paz.”
Los judíos de los tiempos de Jesús, necesitaban ese tipo de libertador, uno que expulsará la tiranía Romana de entre ellos. Era un tiempo en que un soldado romano podía matar a un judío en las calles sin temer ningún tipo de consecuencia. No es difícil imaginar a muchos judíos, esperar desesperadamente al Mesías que sería un Rey Guerrero, que expulsaría al enemigo y restauraría la paz en Israel.

Pero el Príncipe de la Paz no fue el Rey Guerrero que los judíos deseaban profundamente. Salió de la rusticidad de un desconocido, un predicador itinerante, que tenía poco que decir acerca de la ocupación romana. En cambio, él desafió a los judíos que estaban en complicidad con los opresores, a quienes protegían su alta posición en medio de la miseria de su pueblo. Desafió a las autoridades religiosas que aplicaron la ley judía con rigidez y falta de compasión hacia su pueblo que vivía con la opresión diaria de la ocupación extranjera.

foto por Peggy Maxwell
foto por Peggy Maxwell

 

Jesús, el maestro transgresor, salieron a los márgenes de la sociedad judía, incluso habló a la gente que los judíos habían denostado durante siglos, a los Samaritanos “sus medios hermanos” y a los fenicios. Habló directamente a las mujeres, una acción escandalosa de un hombre judío durante los días de Jesús. No había nada particularmente tranquilo sobre su estilo de vida de forma deliberada y estratégicamente haciendo caso omiso de la ley religiosa judía. Su alteración del status quo le trajo a la atención de las autoridades religiosas, cuya respuesta fue idear una manera de eliminar este elemento disruptivo en medio de ellos. Incluso el gobernador romano en Jerusalén encontró a Jesús inocente de cualquier mal proceder. Fue su mismo pueblo Jesús quienes declararon su sentencia de muerte, gritando en la plaza pública.
Pero aún así él fue, sin embargo, el Príncipe de la Paz, de una paz extraña. Es esa paz extraña a la que estamos llamados a abrazar en esta temporada de Adviento. Jesús creo espacio para sí mismo para encontrar una paz personal. Una paz encontrada en el escuchar los susurros de lo Santo, de participar en una contemplación a corazón abierto, antes de tomar acción y en la búsqueda de compasión y similitudes en los más diferentes a nosotros mismos.
Que viajemos esta jornada de Adviento, según el modelo de la paz extraña de Jesús. Que podamos crear espacio personal, buscando refugio en nuestras mismas personas. Y en ese abrazo, lleguemos a nosotros mismos, y a estabilizar para tomar el papel de Jesús de trabajar en los márgenes de nuestro mundo de hoy.
 
“La paz les dejo; mi paz les doy. No se las doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y no les permitan tener miedo”.  

Amén.

Por el Elder Nancy G. Maxwell
en nombre de la
Iglesias de la Comunidad Metropolitana Consejo de Obispos y Obispas
Rev. Elder Dwayne Johnson, Convener
Rev. Elder Ines-Paul Baumann
Rev. Elder Pat Bumgardner
Rev. Elder Margarita Sánchez De León
Rev. Elder Tony Freeman
Rev. Elder Darlene Garner
Rev. Elder Héctor Gutiérrez
Rev. Elder Dr. Candace R. Shultis
Rev. Elder Mona West, PhD