Transformados por la Gracia
Sermón
expresado en la 9na. Asamblea del CMI
Porto Alegre/20.02.06
Rev.
Obispa Nancy L. Wilson
Esta semana,
más de 4,000 personas se han reunido bajo una de las "carpas"
más inclusivas y diversas que ha visto el mundo: ¡Cristianos
de 347 religiones, de literalmente todos los rincones del mundo,
observadores y amigos de otras tradiciones religiosas, nos hemos
reunido! Estamos adorando, orando, estudiando la Biblia,
escuchándonos unos a otros, participando de las inquietudes
más evidentes a las que se enfrenta nuestro abatido mundo de hoy,
enfrascándonos en conversaciones que cruzan barreras mediante el
valor y la esperanza. Nos hemos reunido para aprender, para enseñar
y para extasiarnos y deleitarnos en la transformadora gracia de
Dios.
Nuestro contexto
es un mundo castigado por la guerra y la violencia, y en esta era en
particular, por los conflictos religiosos. Hay mucho dolor, insultos y
contraofensivas por doquier. La libertad de expresión y el respeto
recíproco están en entredicho y bajo fuego. ¿Cómo
podemos vivir en paz?
A veces, hasta
esto se nos dificulta a los Cristianos.
Nuestro contexto
es la hermosa y vibrante nación de Brasil –un sitio
verdaderamente multi-cultural, rebosante con algunas de las más
increíbles especies de flora y fauna en el mundo: un país que
lucha con una economía creciente y cambiante, y con las necesidades
políticas, económicas y espirituales de su variada y
apasionada población.
En este contexto, la Iglesia de Cristo Jesús en el Siglo XXI lucha
con su propia integridad, su propio desafío de adoptar la
diversidad y la inclusión como valores para ser vividos. A veces
pienso en la iglesia como esa mujer que
padeció durante muchos años de flujos hemorrágicos, hasta
que se atrevió a hacer contacto con el borde del manto de
Jesucristo. La iglesia está atravesando hoy por una gran necesidad
del
poder transformador y lleno de gracia y sanación, de ese contacto.
Sufre ahora de hemorragias por las formas en que se ha conformado con
los valores de este mundo –siendo el materialismo quizá, el
más flagrante–, y porque no se ha transformado en el "entorno
de Dios" aquí en la tierra. En muchos lugares, la iglesia sufre
hemorragias de sexismo, de racismo, clasismo y sí, de homofobia. Ha
sido seducida por las estructuras de este mundo, y es una débil voz
en pro de la justicia y la transformación, sin poder expresar
claramente la verdad que empodera.
Las Iglesias de la Comunidad Metropolitana vienen al CMI como una organización/movimiento de personas
que han sido sanadas y transformadas por el poderoso contacto de un
Salvador
vivo, cuya misericordia y amor han llegado hasta donde la iglesia
institucional no puede ni quiere hacerlo. Le traemos ahora buenas nuevas al Consejo Mundial
de Iglesias, buenas nuevas de sanación espiritual y de "poner al
mundo de cabeza", que nos suceden todos los días a la gente LGBT, a
nuestras familias y amigos, y a personas que viven con
VIH/SIDA.
Esta semana, hemos tenido el privilegio de
estudiar juntos en un estudio Bíblico diario, presidido por gente
increíble de alrededor del mundo. Hemos aprendido de los
Dalitas, los intocables de la India que suman ya 250
millones, la mayoría Cristianos. De hecho, la mayoría de los
IndoCristianos son Dalitas. Y sin embargo incluso ahí, con
frecuencia, la iglesia de Cristo Jesús se hace cómplice de la
opresión de los más necesitados, los marginados, en vez de
estar al frente de la liberación y de la transformación de la
cultura. Entendemos esta contradicción, porque muchos de nosotros
hemos experimentado nuestra propia versión de la misma.
En ICM, es nuestra experiencia que la Iglesia Cristiana como un todo, y en
su gran mayoría, está muy renuente a sostener esta
conversación sobre justicia, inclusión y sexualidad humana. El
hecho de que la Asamblea del CMI, esté teniendo de hecho estas
pláticas es un enorme avance. El hecho de que nuestro nuevo
Secretario General, el Dr. Samuel Kobia, esté dispuesto a hablar
sobre VIH/SIDA, contar su propia historia de su familia y aliente el
diálogo sobre la sexualidad humana, es un acto de valor y una
señal de esperanza. Expresamos nuestra gratitud por su
liderazgo.
¿Y por
qué estamos aquí? ¿Por qué están los gays,
lesbianas, bisexuales y transgéneros visibles y sus simpatizantes
en la Asamblea? ¿Por qué ofrecemos talleres, cultos y hacemos
sentir nuestra presencia?
Antes que nada,
estamos aquí porque no deseamos ser segregados ni aislados, sino
que buscamos una convivencia comunitaria. Estamos aquí porque de aquí
somos, porque pertenecemos a esta amplia comunidad de Cristianos que
buscan participar en el mundo "que Dios amó tanto" y porque tenemos
mucho que aprender de tantos miembros y amigos del CMI. Hay muchas cosas
que suceden por todo el mundo, que necesitamos comprender.
Pero más que
eso, estamos aquí porque:
1) Buscamos
justicia para nuestra gente en todo el mundo, sólo con derechos
humanos fundamentales.La organización "Vigilia por los Derechos Humanos",
publicó recientemente un documento de 81 páginas titulado
"Odiados hasta la Muerte", mismo que documenta los asesinatos de hombres
gay en Jamaica. En los últimos 18 meses, 12 hombres gay han sido
asesinados, algunos de ellos activistas de VIH/SIDA y trabajadores
comunitarios. Nadie ha sido señalado responsable de estas muertes,
y nadie del gobierno, de la universidad o de
las iglesias está levantando la voz, ni ofreciendo apoyo ni
albergue, ni ayuda alguna. "Estamos aquí para convocar
públicamente al CMI y a sus iglesias miembros, a que repudien la
violencia contra los seres humanos, sea por su sexualidad o por su
condición de VIH. Nuestra gente necesita ayuda,
desesperadamente, en Jamaica, y en otros muchos
lugares por todo el mundo.
2) Estamos
aquí porque buscamos justicia para nuestras familias.
La gente LGBT tiene
familias, y en muchos lugares del mundo, nos enfrentamos a la
injusticia, al odio y a la violencia de manera cotidiana. Las leyes de
la mayoría de países discriminan contra nuestras relaciones,
nuestros hijos y nuestras familias.
3) Estamos
aquí para invitar a las iglesias a que hagan justicia dentro de sus
propias comunidades cuando se trate de personas que viven con VIH/SIDA,
y quienes son lesbianas, gays, bisexuales o
transgénero.
Pero, verdaderamente, no vinimos aquí sólo para pedir
ayuda, aunque la necesitamos. Vinimos, sobre todo, porque tenemos tanto que ofrecerle
a la Iglesia y a la Comunidad en general:
1) Tenemos una pasión
por el Evangelio de Jesucristo, porque son las buenas nuevas las que nos
hacen libres, nos redimen y nos transforman. ¡Tenemos una historia
que contar –de vidas que han sido salvadas, bendecidas y vueltas
íntegras! ¡Jesús está entre nosotros y
con nosotros cuando reclamamos que somos sus hijos e hijas en la
comunidad religiosa! ¡Tenemos un testimonio que dar sobre el poder
del Espíritu
Santo, para construir una iglesia, un movimiento, nuevas
comunidades llenas de amor y de esperanza!. ¡Traemos consigo una
historia de renovación y de avivamiento, en un momento en que la
iglesia necesita más que nunca de él!
2) ¡Hemos salido
del
closet! Y hemos sido cambiados, transformados, por la experiencia de
aceptar nuestras identidades. Nuestro sufrimiento, nuestras
luchas, han sido fuente de gracia y de crecimiento espiritual. Hemos
salido del aislamiento hacia la
comunidad, y en muchos casos, del
auto-resentimiento hacia una sana auto-estima. Estamos listos y
dispuestos a ayudar a otros a que salgan de su negación, de la
homofobia, de la "SIDAfobia"- Salir del closet no ha matado nunca a
nadie, pero no salir puede resultar mortal.
3) Otra forma de decir esto
es que hemos adoptado una forma de hablar con la verdad, con un vigor
renovado. La milicia norteamericana tiene una política
sobre lesbianas y gays, conocida como "Si no te preguntan, no digas".
Esta es una política insidiosa que no funciona, y sólo fomenta
la deshonestidad y la división. De muchas formas, también es
la política de muchas Iglesias Cristianas. La única forma de
existir como persona LGBT en la mayoría de
las iglesias es ocultar la propia sexualidad, dentro de una red de
vergüenza y de secretos. Y se premia este ocultamiento, mientras
que aquellos que hablan con la verdad son castigados. Es un sistema
fracturado y enfermo que prevalece hasta los más altos niveles de
la iglesia. Y es ajeno al Espíritu
Santo y a Cristo Jesús, quien dijo: "Y Conocerán
la verdad, y la verdad os hará libres".
4) Ofrecemos risas y buen
humor. Una de las formas en que la gente LGBT hemos luchado,
históricamente, contra nuestra depresión y sufrimiento, es
encontrando buen humor y regalando el don de la risa. Una de mis
historias favoritas durante los años del activismo del SIDA en Estados Unidos, es
cuando la comunidad LGBT protestaba ya en las calles contra la pasividad
del
gobierno respecto al SIDA. Y cuando los guardias se disponían
arrestarnos, advertimos que llevaban puestos grandes guantes de
látex amarillo, en su temor ignorante de que
fueran a contraer SIDA sólo con tocarnos. Los manifestantes
gritaron "¡Sus guantes no hacen juego con sus zapatos!". Hasta los
propios guardias no pudieron evitar reírse. Reírse de lo
ridículo de la SIDAfobia y de la homofobia, nos ha brindado con
frecuencia un sentido de nuestra humanidad común, y de la nuestra
libertad común, justo a mitad de nuestras luchas.
5) Existen
millones de personas LGBT talentosas y llenas de dones por todo el
planeta y en la iglesia, que tienen tanto que ofrecer para "tikkun olam"
reparar el
mundo. Ninguno de nosotros, en especial los
jóvenes, desean desperdiciar más tiempo debatiendo sobre
nuestra sexualidad. Los jóvenes de ICM, de la comunidad LGBT, estamos
comprometidos a vivir y ser modelos de la "santa integración de la
sexualidad y la espiritualidad". Deseamos ofrecer
nuestras mentes, nuestros corazones, cuerpos y espíritus al trabajo
inconcluso del entorno de Dios aquí en la
tierra. Deseamos ayudar a que "la pobreza, sea historia", y ofrecer
nuestras voces almas y corazones al
trabajo de la
paz y la justicia para todos los seres humanos.
Ya no deseamos ser divididos, ni tolerados, ni confinados a closets.
Así como Jesús nos invita a
la mesa, tal como somos,
desafiamos a las iglesias a que sigan su ejemplo.
Venimos a esta
"tierra santa" de la novena Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias,
llenos de esperanza y de amor. Esperamos hacer nuevos amigos, tener
momentos de aliento así como de desaliento. Esperamos irnos de
aquí con un nuevo nivel de compromiso con el movimiento
ecuménico global, y con un sentido más profundo de nuestra
misión inconclusa.
Que la Gracia de
Dios, mostrada de forma tan poderosa en Jesús y manifiesta en el
Espíritu Santo, nos inspire a todos al seguir aquí.
¡Amén!
Rev. Obispa Nancy L. Wilson
Moderadora
Iglesias de la Comunidad
Metropolitana
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